¿Cuáles son los riesgos de consumir aceite de palma?

efecto del consumo de aceite de palma

Se está hablando mucho sobre los efectos del consumo de aceite de palma para nuestra salud. Recientemente, se ha descubierto que este tipo de grasas resultan perjudiciales. Sin embargo, su bajo coste lo convierte en un ingrediente frecuente entre los productos que consumimos. Galletas, patatas fritas, cremas de cacao, margarina, natillas, quesitos, pan de molde, pizzas, salsas o alimentos preparados son algunos de los productos que lo utilizan. Hasta el 2014, el nombre para el aceite de palma en las etiquetas era: aceite de origen vegetal. Actualmente, la Unión Europea obliga a la industria alimentaria a especificar el uso de aceite de palma entre sus ingredientes.

A pesar de todo, todavía no resulta sencillo encontrar su rastro en la etiqueta de un determinado producto. Entre otras modalidades podemos encontrarlo con las siguientes formas:

  • Aceite de palmiste
  • Grasa vegetal
  • Sodium palmitate
  • Estearina de palma
  • Palmoleina u Oleina de palma
  • Elaeis guinneensis
  • Manteca de palma

A nivel nutricional, este ingrediente no es recomendable ya que contiene un elevado porcentaje de grasas saturadas. Un factor que, junto con las grasas hidrogenadas, hacen aumentar el riesgo de sufrir alguna patología cardiovascular. Aunque los riesgos del aceite de palma no terminan aquí. Existe otro problema importante, de forma frecuente, se utiliza su variedad refinada. Es decir, se somete a más de 200ºC con el objetivo de acabar con su olor y sabor. Esta acción es peligrosa, ya que el aceite de palma puede liberar sustancias cancerígenas en estas condiciones.

Hablamos de un riesgo real, ya que algunas investigaciones científicas relacionan el ácido palmítico como uno de los mayores inductores de la metástasis. Evidentemente, un consumo mínimo no tiene por qué ser alarmante, el problema es que este ingrediente se encuentra presente en más productos de los que podamos pensar, por lo que su consumo puede ser elevado.

Dentro de la dieta mediterránea contamos con la alternativa saludable por excelencia a este tipo de grasas: el aceite de oliva. El de girasol también es una opción recomendable y ambos deberían ser las únicas grasas que aparecieran en el etiquetado de los productos alimenticios.

En Clínica Imema sabemos bien que este tipo de grasas no son recomendables en grandes cantidades. Seguramente, te estarás preguntando por qué se sigue incluyendo en los productos. La respuesta es sencilla: es económico, no contiene grasas trans, es sólido a temperatura ambiente, su textura permite sustituir el uso de otras grasas hidrogenadas (también poco saludables), es un conservante natural que alarga la vida de los productos y, además, resiste las altas temperaturas. Sin embargo, en la medida de lo posible, es mejor evitarlo y apostar por una dieta sana y equilibrada, con la mayor presencia posible de productos naturales.

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