Aunque el estrés responde a una cuestión emocional, lo cierto es que sus consecuencias son visibles a simple vista. Esta afección puede dejar marcas en nuestra piel o agravar patologías o enfermedades cutáneas severas, como la psoriasis, el acné o la dermatitis atópica. Incluso, ha sido relacionada con otras afecciones dermatológicas, como es el caso de la dermatitis seborreica, la rosácea o la alopecia areata. Como centro especializado en tratamientos dermatológicos nos parece relevante destacar que el estrés puede volverse crónico, lo cual puede suponer un envejecimiento prematuro de la piel.
Lo más importante para lucir nuestra mejor versión, será estar sano por dentro. Por este motivo, no es de extrañar que todas las cuestiones que nos preocupan o agobian terminen por pasarnos factura a nuestro aspecto físico. De hecho, las cifras son sorprendentes, cerca del 30% de los pacientes que deciden acudir a la consulta de un dermatólogo presenta algún problema emocional.
Desde luego, el estrés no trae nada bueno. Cuando se prolonga en el tiempo puede desencadenar otros factores como la inmunosupresión, que según algunas investigaciones científicas puede aumentar la susceptibilidad de nuestro organismo a padecer infecciones o agravar patologías inflamatorias o alérgicas. Actualmente, se está investigando la influencia de este factor en la aparición de cáncer cutáneo como consecuencia de la radiación ultravioleta.
Las funciones de la piel van mucho más allá de lo que podamos pensar. Entre ellas, se encuentra regular funciones inmunológicas, tratando de mantener un equilibrio saludable. Según algunas investigaciones, este órgano tiene la capacidad de detectar el dolor, la presión, el cambio en la temperatura u otros síntomas propios de una situación estresante, mandando la información al cerebro.
En Clínica IMEMA, sabemos que algunos procesos cutáneos pueden verse agravados por agentes externos, como sufrir estrés. Nuestros tratamientos para mejorar la salud cutánea nos permiten conseguir los mejores resultados. Pero, es cierto, que nunca está de más aprender a gestionar las situaciones emocionales adversas, un factor que puede influir en que los problemas en nuestra piel no se repitan. Algo tan sencillo como esto, puede incluso mejorar los tiempos en la consecución de los resultados esperados. Pero, sobre todo, es una medida más que adecuada para mejorar nuestra calidad de vida.

