Normalmente en verano, con el calor sofocante tendemos a sudar más y a tener más sed. Un trago de agua fresquita puede aliviarnos en una tarde estival extremadamente calurosa. Sin embargo, no bebemos tanto como deberíamos durante esta estación del año. El agua es fundamental para nuestro organismo y, aunque parezca impensable, también para nuestra piel. La hidratación de la dermis comienza en el interior de nuestro cuerpo, por lo que es muy importante beber agua en consecuencia, incluso cuando no tenemos sed.
Precisamente, las condiciones climatológicas adversas, la exposición a los rayos nocivos del sol y la actividad incesante en esta época del año pueden terminar por pasarle factura a nuestra piel. Así que con el final del verano llega la vuelta al trabajo, a la rutina y a los hábitos de vida saludables. Desde Clínica IMEMA queremos presentarte tres consejos básicos para restaurar la salud a tu piel y que luzca tersa y brillante.
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Aunque las vacaciones van quedando atrás, el sol sigue presente en estos días y sus rayos nocivos pueden seguir ocasionando daños en nuestra piel, motivo por el que no debemos dejar de utilizar un fotoprotector facial o en aquellas partes de nuestro cuerpo que siguen estando expuestas a los rayos ultravioleta.
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La higiene resultará esencial para eliminar las toxinas de la piel y que esta respire de nuevo. Sin embargo, lo más adecuado será optar por limpiadores suaves, con un pH neutro.
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La crema hidratante resulta imprescindible para reparar la piel y atenuar las pequeñas arrugas que pueden surgir con las agresiones externas a las que la nos exponemos durante el verano. Deberás elegir una crema hidratante que se adapte a tu tipo de piel y conviene aplicarla hasta dos veces al día.
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La noche será el mejor momento del día para aplicar tratamientos específicos en función de las necesidades básicas que presente la piel. Ya que durante estas horas nuestro organismo aprovecha para regenerarse y remediar los daños que haya sufrido.
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La alimentación también es importante, ingerir nutrientes como vitaminas A y C, presentes, por ejemplo, en verduras como las zanahorias, mejora la apariencia de nuestra piel.
Uno de los grandes inconvenientes de la exposición prolongada a los rayos solares es la aparición de manchas, sobre todo en el óvalo facial. Si es así, te recomendamos que visites a un dermatólogo para que examine tu caso y te asesore sobre el mejor tratamiento posible para eliminar o minimizar la incidencia de estas pigmentaciones sobre tu piel.

