La importancia del colágeno

medicina estética

El colágeno una proteína estructural de nuestro organismo que resulta esencial para combatir el envejecimiento. Precisamente, su función principal es aportar elasticidad y fuerza a los tejidos y debemos tener en cuenta que son precisamente éstos los que sufren el deterioro propio del paso del tiempo. Algunos estudios científicos van más allá, relacionando el déficit de colágeno con numerosas patologías como pueden ser: la diabetes, problemas cardiovasculares, óseos o renales. Dentro del ámbito de la medicina estética son varios los tratamientos que recurren a esta proteína para combatir el envejecimiento cutáneo, principalmente en el óvalo facial.

El ser humano ha dedicado muchos años a investigar el proceso de envejecimiento, con el objetivo de ponerle remedio. Hasta no hace mucho, todas las investigaciones se habían centrado en los mecanismos de nuestro organismo para regenerar las células dañadas como consecuencia del paso del tiempo. Sin embargo, un estudio reciente que ha sido publicado en la revista Nature, señala que este proceso que tanto nos horroriza está más relacionado con las proteínas, centrándose sobre todo en el colágeno.

Los resultados de esta investigación determinan que la producción de esta sustancia, de forma conjunta con otros componentes de la matriz extracelular, juega un papel fundamental en nuestra longevidad. Más allá de mejorar el aspecto de nuestra piel, contribuye a favorecer la elasticidad y eliminar la flacidez, y a prevenir otros problemas propios de edades avanzadas como la degeneración ósea y articular. Además, se relaciona la creación de esta proteína con la desaparición del dolor. Por este motivo, la frecuencia con la que los médicos recomiendan tratamientos a base de colágeno se ha incrementado mucho en los últimos años.

Desde Clínica IMEMA queremos destacar los beneficios de esta sustancia, que se aplica en diferentes tratamientos cutáneos para mejorar la salud de nuestra piel, ya que ofrece unos resultados sorprendentes, y sin duda, suponen el mejor mecanismo de defensa contra la huella que el paso del tiempo imprime sobre nosotros.

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