Una abdominoplastia es una intervención quirúrgica muy adecuada para acabar con la grasa localizada en la zona del abdomen. Esta técnica permite reducir el volumen del vientre y remodelar la figura. Obviamente, no se trata de un procedimiento indicado para adelgazar, sino que está especialmente pensado para aquellas situaciones en las que resulta misión imposible reducir la grasa del abdomen mediante dieta o ejercicio. Son muchos los factores que pueden agravar la acumulación de grasa en determinadas zonas de nuestro cuerpo: como la vida sedentaria, los cambios bruscos de peso o los embarazos.
Los primeros días tras la operación, el vientre podrá estar ligeramente abultado y será normal sufrir cierta retención de líquidos. Sin embargo, es recomendable beber gran cantidad de agua, que facilitará el funcionamiento de los riñones o los intestinos, sin contar la importancia de estar debidamente hidratado. Este último factor es importante que sea una constante en nuestra vida pero, además, resulta esencial para mejorar el proceso de cicatrización.
Por otro lado, algunos fármacos que deberán tomarse durante el postoperatorio pueden también contribuir a la retención de líquidos o afectar al tránsito intestinal, por ello es, además, tremendamente importante beber bastante líquido (agua, infusiones y zumos naturales) y forzar al organismo agilizando el proceso de recuperación.
En cuanto a la alimentación, habrá que controlar las cantidades de comida los días posteriores a la intervención. No se trata de eliminar las comidas, sino de alimentarse de forma adecuada, en pequeñas cantidades y varias veces al día. Además, desde Clínica IMEMA queremos presentarte algunas pautas alimentarias que deberás tener en cuenta después de una abdominoplastia.
Las frutas y verduras deben ser una prioridad durante estos días, al igual que las proteínas procedentes de la carne blanca y el pescado. Las legumbres también son adecuadas, ya que son una gran fuente de fibra, pero siempre teniendo en cuenta las variedades que resultan menos flatulentas y que deberán cocinarse a fuego lento. Es importante ponerlas a remojo, previamente. Todos estos esfuerzos contribuyen a ablandar la piel de estos alimentos, favoreciendo su digestión.
Los hidratos de carbono refinados (pan, pasta blanca, bollería, etc.) deberán eliminarse de la dieta durante el postoperatorio. Pudiendo sustituirse por cereales y pasta integral, más adecuados para facilitar las digestiones y con elevados niveles de fibra para mejorar el tránsito intestinal.

