Generalmente, a la toxina botulínica se le atribuye la función de eliminar o minimizar las líneas de expresión y arrugas. Sin duda, se trata de uno de los tratamientos estéticos más demandados con el objetivo de conseguir cierto rejuvenecimiento facial.
Sin embargo, en los últimos años, los expertos han descubierto nuevas aplicaciones para esta sustancia. Usos, por otra parte, sorprendentes. La medicina estética está en constante evolución y las investigaciones científicas nos permiten descubrir cuestiones desconocidas de forma fortuita. Por ejemplo, en un primer momento el bótox se utilizó para tratar el estrabismo, pero los oftalmólogos descubrieron que su aplicación reducía, considerablemente, las arrugas localizadas en la zona de los ojos.
En Clínica IMEMA te contamos tres de las aplicaciones de toxina botulínica que se han descubierto recientemente.
- Reduce la depresión. Según un estudio realizado, las inyecciones de bótox en pacientes depresivos mejoran su estado de ánimo. Para el desarrollo de la investigación se probó la infiltración de toxina botulínica en la mitad de la muestra y una sustancia placebo en la otra mitad. Los resultados fueron concluyentes.
- Combate la hiperhidrosis. Hablamos de la sudoración excesiva que afecta a más de 300.000 personas en nuestro país. La inyección de bótox en la zona problemática elimina el sudor durante un tiempo, sin efectos adversos. Un estudio realizado por Allergan señala que algunas personas dejan de hacer sus actividades de ocio preferidas durante los meses de calor para evitar mostrar al mundo su problema con el sudor. De modo, que un tratamiento con toxina botulínica mejoraría, notablemente, su calidad de vida.
- Regula el sebo de la piel. En el último Congreso Nacional de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV) se presentó una investigación sobre cómo el bótox mejoraba los problemas de piel grasa después de tres meses de tratamiento. El 91% de las pacientes tratadas se mostraron satisfechas con los resultados.

